12.8.04

El Monopoly

Todos sabemos que hay dos colectivos que tienen una característica en común: los niños y los borrachos, y que ésta no es precisamente la aficción a la bebida. ¿A qué crees que se debe esto? Pues que cuando eres un niño actúas sin prejuicios, sin preouparte de lo que van a decir de ti, vas a lo tuyo y piensas en lo que a ti te interesa casi sin pensar en los demás. El caso de los borrachos es otra historia, como dice un amigo mío el alcohol es el "lubricante social".

Viene esto al caso porque esta mañana he estado jugando al monopoly con unos amigos y he observado el comportamiento de cada jugador. Describo la situación: tres jugadores de 24 años, una jugadora de 16 años y el benjamín de la partida con 9.

Resulta que los adultos, cuando jugamos a estos juegos tan habituales en nuestra infancia nos quitamos algunos años de encima, volviendo a nuestros diez años y lo peor es que nos comportamos como si de verdad los tuviéramos: te emocionas cuando ganas y lo recochineas, si pierdes te enfadas, si te hacen trampas te enfadas y dejas la partida, si no estás de acuerdo con el juego, porque aunque se estén cumpliendo las reglas sales muy perjudicado, te enfadas y dejas la partida hasta que no se haga como tú quieres (o mejor dicho, como a ti te conviene) aunque eso suponga perjudicar gravemente a otro jugador. En definitiva, eres egoísta y solo miras por tu bien, o mejor dicho por el bien de la ficha de tu color, por amasar una gran fortuna a toda costa y tener más casas que nadie. (Por cierto, ¿habrá muchos socialistas que juegen al monopoly?)

Hasta aquí bien, se supone que si se cumple todo lo que he dicho entonces, aunque tuvieramos quince años más que nuestro contrincante de nueve años, estamos en igualdad de condiciones y por tanto el niño también podría ganar. Pues no, porque el niño no deja de ser niño mientras que nosotros eramos mayores metidos a niños. Es decir, que aunque como niños nos comportásemos teníamos nuestros planteamientos de mayores acostumbrados a vivir en un mundo capitalista y sin escrúpulos a la hora de hacer negocios aunque solo sea de calles y casitas del monopoly. En definitiva el narcisismo de un niño mezclado con la maldad de un adulto te hacen ganar el monopoly. Por suerte no todos actuamos así en la vida real, pero creo que los que ahora están especulando con la vivienda o el petroleo jugaron mucho al monopoly, quien sabe, puede que hasta en la Universidad tuvieran un "Aula de Monopoly".

1 Comments:

At 14 de agosto de 2004 a las 16:25, Blogger David añade...

Hola!!! Soy al que el autor de esta web le ha copiado la idea... Darte la enhorabuena y ánimo pa llevar esto palante. Es simple: escribe algo cuando te apetezca...

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Saludos a todos!!!

 

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